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GUILLERMO WIEDEMANN

WiG124x03.jpg (52159 bytes) Recuento
Critica de:
Maria Elvira Iriarte
Jorge Gaitan Duran,1
Jorge Gaitan Duran,2
Luis Alberto Acuña

CRITICA 4

DESPUÉS DE LOS COLLAGES

por MARTA TRABA

Definitivamente, a la pintura de Wiedemann hay que dividirla en dos épocas: antes de los collages y después de los collages.

Antes de los collages, Wiedemann pintaba como un expresionista de talento, dispuesto a fijar en el lienzo una imagen del mundo esencialmente cromática. Negros, bodegones, paisajes, se plegaban a este entusiasmo cromático, hasta que al fin el color venció y la memoria de las cosas naturales fue desapareciendo gradualmente. Wiedemann se quedó con una materia arrebatada y romántica que se expresaba magníficamente en las acuarelas y con esfuerzo visible en los óleos. Como en todo expresionista europeo, la forma se aludía de manera tangencial. Quiero decir que los cuadros no afrontaban nunca formas claras, sino que creaban más atmósfera, llena de impromptus, fugas y desvanecimientos. Así se definió la obra de Wiedemann hasta hace dos años: como una bella y elaborada pintura expresionista, desencadenante de amplias fuerzas emotivas.

La muestra de collages realizada a mediados del año anterior en la librería Central, cambió por completo estos datos de estilo. Los collages no sólo representaron para Wiedemann un encuentro feliz con la materia, un rejuvenecimiento de la posibilidad expresiva al abandonar sus rojos y azules expansivos, lisos y dinámicos, para cambiarlos por blancos, ocres, espesos y corrugados. Fue algo más importante que este acertado juego manual, que este descenso al limbo atónito de los elementos cotidianos. Lo importante fue que el anjeo, o el cartón, o el costal se recortaban contra el fondo; que la cabuya era una línea precisa; que la precisión casi brutal de los materiales y cosas empleadas daba a la obra una voluntad de forma segura, nítida.

Concretar la forma era también concretar el espacio. El permanente espacio atmósfera de Wiedemann, diluido en el cuadro, desapareció.

Fue reemplazado por un espacio móvil pero estricto, rodando entre planos para ayudar a armarlos y defenderlos de la disolución.

El tercer dato que se modificó a fondo con los collages fue la composición. Como todos los expresionistas, Wiedemann no sólo creaba antiformas sino anticomposiciones. En sus obras había relaciones cromáticas y cruzamientos entre zonas fuertes y débiles. Después de los collages, Wiedemann comenzó a componer buscando estructurar sólidamente la superficie pintada.

Sobre formas precisas, espacios explícitos y una organización definida, Wiedemann ha realizado los nuevos óleos que se exponen en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Ya no se trata de una transposición del collage al óleo, sino de un óleo beneficiado por la alegría, la audacia, la voluntad de improvisación, el ánimo festivo y la belicosidad del collage. Son los cuadros más jóvenes que Wiedemann ha pintado en muchos años, porque gran parte del concienzudo espíritu experimental, de vacilaciones por exceso de escrúpulos, ha capitulado ante estos recortes limpios y jubilosos.

La transformación de la pintura de Wiedemann me parece estupenda. El expresionismo abstracto siempre está cercado por el peligro de amanerarse, de volverse romántico, sinónimo de pompier.

El trabajo de los collages en la pintura de Wiedemann ocurrió providencialmente cuando ésta se debatía en la necesidad de traspasar al óleo las efusiones líricas de la acuarela. Encontró la armazón formal que debía sustituir la figura perdida.

(La Nueva Prensa, Bogotá, 5-11 de mayo de 1964)

Marta Traba

Tomado del Folleto: Biblioteca Luis Angel Arango - 1985

Retrospectiva W.G 1937 - 1965

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