Guillermo Wiedemann

pintor

 
 
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Treinta años de su muerte (1999)

por Maruja Vieira

Llegó muy joven desde Alemania
a exponer en esta tierra nueva
y le gustó tanto que terminó siendo
el más arraigado de los colombianos.

La huella de Alemania en el arte contemporáneo colombiano, está demarcada por los nombres de Leopoldo Richter, Erwin Krauss y Guillermo Wiedemann.

Wilhem Egon Wiedemann nació en Munich en 1905. En 1931 se traslado a Berlín, donde estudió fotografía artística con Otto Moll, quien en 1939 lo invitó a viajar a Colombia. Expuso su obra por primera vez en 1940 en la Biblioteca Nacional de Bogotá. La década de los años cuarenta fue pródiga en actividad en el mundo de las artes plásticas del país. En ese momento Wiedemann decidió quedarse en Colombia. Seis años después se hizo ciudadano colombiano. El 25 de enero de 1969 murió en Key Biscaine, Florida. Sus cenizas están depositadas en la iglesia de San Diego.

El alma de las negritudes

"A Wiedemann -dijo en 1970 Howard Rochester- le fascinó en Colombia el pueblo negro y su genuina y profunda relación con el mundo mágico". Y Marta Traba había opinado ya que "Wiedemann hace hoy día el mejor expresionismo abstracto que tiene Colombia".

En 1996 Villegas Editores puso en circulación un magnífico libro, con textos de Santiago Mutis, donde puede apreciarse la evolución de la obra pictórica de Wiedemann, desde sus primeros dibujos hasta las últimas obras, realizadas en 1965, cuando la enfermedad que cuatro años más tarde lo llevaría a la tumba, le impidió seguir pintando.

Fue un apasionado de la naturaleza. La pintura era para él "un medio para decir con los colores y formas algo que no puede ser nunca expresado de otra manera". Supo captar con sorprendente maestría la luz del trópico y la expresión vital de las gentes que lo habitan.

Una activa vida artística

La última exposición suya, cuando aún estaba con vida, fue en la Biblioteca Luis Angel Arango de Bogotá, en 1968. Desde los años cuarenta hasta los sesenta, fueron cerca de veinte exposiciones en Colombia, Estados Unidos y Alemania, a donde regresó, ya con pasaporte colombiano, en 1950.

Estaba participando en exposiciones colectivas, desde 1933, en su Munich natal, hasta 1964. Después de su muerte se organizaron exposiciones póstumas, tanto en Colombia como en los Estados Unidos. Pero ningún tributo a su memoria tiene la importancia y la significación estética del libro de Benjamín Villegas, con los textos insuperables de Santiago Mutis.

Textos poéticos, profundos y exactos, como este:

"Vientos oscuros habían llevado un barca,  otro entre tantos! hasta el puerto de Buenaventura, a donde descendían desconcertados inmigrantes, a quienes la vida esperaba ya con su manojo de destinos. A uno de ellos, que acababa de cumplir 34 años, vestido de traje blanco y corbata, con un equipaje modesto en el que llevaba pinturas de otoño salvadas a la adversidad, le estaba reservada una misión singular: la de alcanzar con su propia alma el alma de un lugar sobre la tierra, de un rincón de la creación que parecía estarle destinado".

Para fortuna de los colombianos, tan desafortunados en otros aspectos, seres de privilegio como Guillermo Wiedemann han escogido este país para hacerlo suyo.

Aquí encontró amigos verdaderos, como Enrique Uribe White, de cuyas tardes de domingo en "Santa Eulalia" era Wiedemann contertulio puntual y activo. Participaba con seguridad y discreción en la infinita variedad de temas que allí se discutían interminablemente. Era filósofo y amaba la poesía y la música, tanto como la luz y los colores que ahora perpetúan para siempre su recuerdo.

Maruja Vieira
Tomado de la Revista A Bordo, Aces, No. 110, mayo de 1999