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Edgar Negret |
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CRITICA
Tomado de la Revista Credencial, edición107,octubre
de 1995
Bogotá, 1974 "Edgar Negret es un artista consagrado y reconocido en Colombia. Pero la admiración que Negret suscita entre sus compatriotas se debe mucho más a su imagen de triunfo internacional, que a la comprensión y apreciación consciente de los valores que despliega, con excelencia, su trabajo. Lejos de hacer concesiones de orden literario, su obra no sólo está definitivamente divorciada de elementos ilustrativos y sentimentales sino que, basándose en formas geométricas, se dedica exclusivamente a la sugestión y a la profundidad de un, difícilmente utilitario, orden formal. El arte de Negret no cuenta historias que puedan repetirse con palabras. Pero precisamente porque su creación está sujeta a leyes abstractas y formales, sus esculturas proyectan esa cualidad de permanencia, de solemnidad, de penetración mágica, que es privilegio de todo lo que se plantea lúcidamente en términos de espacio y en términos de forma. Su trabajo es producto de una imaginación rica pero rigurosa que sacrifica la anécdota en beneficio de la síntesis, el azar en favor del control disciplinado, y lo manifiesto ante lo singular e impredecible. El aluminio, por ejemplo, pintado de rojo, de blanco, o de negro mate, pierde premeditamente en su obra sus propiedades y características visuales. Las tuercas y tornillos abandonan igualmente su tradicional potencia, apenas son formas que flotan y se elevan sin violencia. Y el estatismo, que generalmente corresponde con la construcción geométrica, también se desvirtúa completamente ante el enérgico, aunque contenido movimiento de cada una de sus esculturas. Pero ese movimiento sugerido por las direcciones y dobleces de su obra es siempre reanudable, ya que las implicaciones de la repetición de una determinada forma y la relatividad de un determinado vacío, son infinitas. Sus construcciones, multidireccionales, cúbicas y circulares, obligan a la consideración de los espacios Interiores y exteriores que proponen, y al examen de las relaciones entre esos espacios y los elementos que los delimitan: prolongaciones, soportes, conexiones y aperturas, que sin comentarios primitivos ni industriales, nos remiten a un simbolismo visual fundamental. En tal sentido, su escultura debe ser vista y meditada, como un ícono en el cual la inteligencia alcanza a contemplar las transparencias y profundas estructuras de una filigrana evocativa pero matemática. Cuidadosas, exactas, refinadas, las obras de Negret evidencian su talento en el arreglo armónico de formas libres. Exponen originales convicciones sobre proporciones, ritmo y equilibrio. E informan, además, sobre la realidad. Aunque su realidad recuerde apenas, a la naturaleza, y dependa primordialmente de un agudo sentido del orden humano. No obstante cierta apariencia mecánica, en sus esculturas puede seguirse claramente la labor ardua de la mano al tiempo con el raciocinio acertado del artista. Y en las lejanas relaciones de su obra con el arte precolombino, igual que en sus más directas y explícitas relaciones con obras contemporáneas de magnitud establecida como las de Henry Moore y de Alexander Calder, puede distinguirse una fértil conciencia histórica del arte, inspiración indiscutible de la creatividad contemporánea. El arte de Negret, sereno, intelectual, intransigente, conforma un argumento visual de potencia extraordinaria, con alusiones al área rotunda de lo físico y al ámbito infinito del espíritu. Es un arte que conduce a la meditación; de un orden diferente al que repite la naturaleza; dirigido exclusivamente a la mente y a la sensibilidad humanas; y de un enorme poder que se deriva de sus estrechos vínculos, no con condiciones o circunstancias perecederas o mutables, sino con verdades de inapelable universalidad y permanencia". Eduardo Serrano
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Negret en la irrupción de la modernidad Por Eduardo Serrano La exposición de Negret en el Museo Nacional constituye una oportunidad propicia para revisar sus innumerables aportes al arte, no sólo colombiano o latinoamericano, sino occidental. La muestra patentiza la sintonía de su trabajo con los desarrollos plásticos y sociales de su tiempo, y permite comprobar su influencia pionera y oportuna en la argumentación artística del siglo XX. Si bien no hay duda de que el ser humano actual, contemporáneo, es el objetivo y el motor de Negret, el artista nutrió y fue conformando su trabajo con reflexiones sobre temáticas disímiles como lo tangíble y lo intangible. o lo arcaico y lo contemporáneo. Pero Negret supo siempre armonizar este tipo de bifurcaciones de su pensamiento para construir una obra unificada que hace parte de un proceso creativo continuo dentro de variables conceptuales sólidas, pero no por ello limitantes. La obra de Negret parte de la idea de que la nobleza de los materiales se encuentra en la imaginación y el talento de quien los utiliza, así como de la convicción de que el arte es un concepto, no una manualidad, y por lo tanto, de que la autoría de una obra no es de quien la ejecuta sino de quien la concibe. Y armado con estos presupuestos, así como de la voluntad de hacer de la geometría orgánica la columna vertebral de su trabajo, Negret abandonó para siempre los parámetros de la escultura tradicional y se adentró en un sendero creativo que habría de conducirlo a un puesto de primera línea en la escena artística internacional. Entre sus principales aportes a la escultura moderna se cuentan: la utilización del aluminio, un me tal maleable, ligero, inoxidable y característico del mundo contemporáneo; el empleo del ensamblaje como recurso tridimensional con propósitos abstractos, y el manejo de módulos que sugieren una multiplicidad formal a pesar de su rigor. Pero sus contribuciones más definitivas fueron, sin duda, la utilización del color en la escultura y el arqueo del aluminio, gracias a los cuales permitió al espacio fluir libremente entre los componentes de sus piezas dividiéndolo en interior y exterior, al tiempo que lograba eliminar sensorialmente el brillo, la dureza y el peso del metal, concediéndoles a sus obras una liviandad visual inesperada, una ligereza tal, que en ocasiones pareciera que pueden elevarse. Además, con la utilización de tuercas y tornillos a la vista, el artista se hizo a un recurso no sólo seguro y coherente con las implicaciones industriales del aluminio para ajustar los distintos elementos, sino a un procedimiento claramente indicativo de sus procesos constructivos; a un método franco y acorde con los propósitos cada vez más explícitos del arte de los últimos tiempos. En la historia del arte, Negret hace parte de la generación de artistas que -como Anges Martin, Robert Indiana, Ellsworth Kelly, Louise Nevelson y Jack Youngerman, con quienes exhibió en distintas oportunidades- se opusieron radicalmente a los preceptos del Expresionismo Abstracto, movimiento que se hallaba en su apogeo a mediados del siglo pasado. Sus obras representan la reintroducción de la forma y la recuperación del control y de la precisión como valores expresivos, así como una revaloración de la estructura en la producción artística, todo lo cual representa impulsos visionarios en relación con el desarrollo de la modernidad plástica. La exposición se halla concebida a través de cuatro ejes temáticos que figuraron consistentemente entre las prioridades de Negret: la máquina, a la cual se aproximó como a un elemento emblemático de la época para valorar las posibilidades estéticas de su morfología; el espíritu, a cuya consideración plástica llegó después de una investigación acerca del arte de los indios norteamericanos; la naturaleza, que evocó a través de alusiones a los astros, los árboles, las flores y las cascadas; y la historia y los ancestros, temática que aparece en su última etapa, en la que su trabajo estalla en una policromía sin precedentes, comienza a inspirar se en la arquitectura y escultura de San Agustín, Tierradentro y Machu Picchu, y se llena de detalles en correspondencia con la libertad que empezaba a reinar en la escena artística contemporánea, cuando la severidad y la pureza dejan de contarse entre los paradigmas de la expresión artística. En estos últimos trabajos se ha ce aún más notoria la inclinación de Negret por lo barroco, pero por un barroquismo comedido, atemperado, como el de su nativa Popayán. Su obra es la más elocuente simbiosis de racionalismo y espiritualidad -en perfecta correspondencia con las convicciones y valores de su era- que se hubiera producido en la escultura moderna. Tomado del periódico El Tiempo, 11 de marzo de 2006
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LOS APORTES DE NEGRET Entre las obras de los artistas colombianos la de Edgar Negret es sin duda la que más importantes aportes ha hecho al desarrollo de la escultura moderna, y así lo pone de relieve esta exposición de la Galería La Pared, en la cual se hallan representadas todos sus períodos, así como las cuatro grandes vertientes temáticas por las que orientó su producción: la máquina, el espíritu, la naturaleza y los ancestros. La muestra hace claro que las contribuciones de Negret a la historia del arte han sido especialmente numerosas y de alcances variados y extensos, pero también hace evidente que la evolución de su trabajo ha sido coherente y permanente pasando de un tema a otro, de una forma a otra, o de una insinuación a otra, siempre como consecuencia de planteamientos anteriores y como resultado de profundas reflexiones y lúcidos experimentos. Su producción ha estado invariablemente en clara sintonía con los desarrollos plásticos y sociales de su tiempo. Y su influencia en la argumentación artística del siglo XX fue pionera y oportuna, colaborando en forma manifiesta en la definición de los valores que fueron aflorando y estableciéndose a lo largo de la segunda mitad de esa centuria y hasta los primeros años de este siglo. La obra de Negret parte de la idea de que la nobleza de los materiales se encuentra en la imaginación y talento de quien los utiliza, y armado con esta convicción así como con la voluntad de hacer de la geometría orgánica la columna vertebral de su trabajo, Negret abandonó para siempre los parámetros de la escultura tradicional de sus primeros años, y se adentró en un sendero creativo que Ilevaría su producción por rumbos inéditos a insospechados. Y en ese paso de superar el clasicismo y de iniciar la búsqueda de un material apropiado para la escultura en el mundo moderno, puede decirse que radicaría el primer aporte del maestro a la historia del arte nacional. Los siguientes aportes de Negret trascenderían las fronteras del país y se convertirían en verdaderas conquistas para la creatividad plástica internacionalmente. Por ejemplo, al finalizar la década de los cuarenta Negret viajó a Nueva York donde se contagió del espíritu experimental que reinaba en la escena artística de la ciudad, y trabaja algunas piezas en cerámica continuando con la orientación simplificadora de formas orgánicas que había iniciado en Colombia. Pero es realmente su hallazgo de la lámina de hierro, de las varillas de acero, de los alambres, es decir de materiales industriales utilizados en la plástica estadounidense por artistas como David Smith, el hecho que más contribuiría no sólo a la definición de lo que serían su particular estética y lenguaje, sino en general, a su devoción por los propósitos de la modernidad. Junto con los materiales industriales el artista asimiló igualmente nuevos procedimientos escultóricos, como el collage y el ensamblaje, los cuales se habían diseminado con los estilos de reciente aparición, y también se inclinó por novedosas técnicas, como la soldadura. Y así, partiendo de estos elementos y sistemas así como con las ideas frescas que se desprendían de su utilización, Negret dio inicio al que podría considerarse el trabajo escultórico más logrado a innovador de un artista latinoamericano a mediados del siglo XX. El maestro empezó a comisionar entonces la construcción de sus primeras obras en láminas de hierro soldadas y concebidas a base de planos, dando con ello clara muestra de su convicción de que el artista no es necesariamente quien manipula el material. Pero Negret ha sido un artista de creatividad constante, y durante un viaje por Europa en el cual se relacionó con escultores como Brancussi y Tinguely en París, el maestro visitó a Barcelona donde conoció, admiró y analizó la obra del arquitecto español Antoni Gaudí. Lo impresionó vivamente su sistema modular, la manera como el arquitecto reiteraba y articulaba los mismos elementos consiguiendo con este proceder una ilusión de multiplicidad formal sin que realmente existiera variedad en las formas. Negret implantaría más tarde su personal visión de este recurso, introduciendo así un sistema constructivo de gran aliento en la escultura, el cual fue adoptado por numerosos artistas alrededor del mundo. Si bien todos los aportes mencionados hubieran sido suficientes para otorgarle al trabajo de Negret un puesto de primera línea en la escena artística internacional, es a su regreso a Nueva York cuando el artista encontraría los componentes y procedimientos con los cuales alcanzaría sus contribuciones más definitivas al arte de la escultura. En primer lugar, escogió como materia prima la lámina de aluminio, un metal que sigue teniendo la connotación industrial, y por ende, contemporánea, que le interesaba, y que además de ser maleable, ligero a inoxidable no demanda para su manipulación grandes ni complicadas maquinarias. Y en segundo lugar, dejó atrás la soldadura y tomó la determinación, por demás pertinente y efectiva, de utilizar tuercas y tornillos a la vista para ajustar los distintos elementos de cada escultura. Encuentra de esta manera un recurso no sólo seguro y coherente con las implicaciones industriales del aluminio, sino también un procedimiento claramente indicativo del proceso constructivo de sus obras; un método franco y transparente, acorde con los propósitos que habría de proponerse el arte tridimensional en los años subsiguientes. También se cuentan entre los aportes más definitivos de la obra de Negret a la escultura moderna, la flexión del aluminio y la utilización del color. Con su iniciativa de arquear o curvar el aluminio y sujetarlo por los bordes, ideó finalmente un tipo de escultura que permite apreciar simultáneamente sus áreas internas y externas, es decir, consiguió hacer realidad de manera ingeniosa y personal el viejo sueño de artistas como Henry Moore y los constructivistas de poder observar simultáneamente las formas exterior e interior de la escultura. Y con el color consiguió neutralizar visualmente el brillo, la dureza y el peso del metal, concediéndole a sus obras una liviandad visual inesperada, una ligereza tal, que en ocasiones pareciera que pueden elevarse. Primero, cada elemento en sus trabajos comenzó a plantearse en una tonalidad fuerte y diferente-negro, gris, azul, rojo, blanco-otorgándole a las piezas animados contrastes. Posteriormente, uno sólo de estos colores se apoderó de cada obra adquiriendo más elocuencia plástica y compenetrándose de manera más estrecha con el pronunciamiento formal. Más adelante haría su aparición el amarillo. Y ya en su último período el color explota en una policromía sin antecedentes en la escultura moderna, sumándose el anaranjado, el lila y el verde a los previamente mencionados, pero además, combinándose buen número de ellos en algunas de sus piezas Las obras incluidas en esta exposición de la Galería La Pared permiten comprobar todo lo anterior y también el desarrollo de los cuatro ejes temáticos señalados anteriormente: su aproximación a la máquina como a un elemento emblemático de la época y para valorar las posibilidades estéticas de su morfología; su atención al espíritu a cuya consideración plástica llegó después de una investigación acerca del arte de los indios norteamericanos; su admiración por la naturaleza que evocó a través de alusiones a los astros, los árboles, las flores, las montañas y las cascadas; y la historia y los ancestros, en particular el pasado precolombino cuyas construcciones, tejidos y otros elementos se evocan en su última etapa, en la que su trabajo se ha enriquecido no sólo cromática sino formalmente, Ilegando a una especie de barroquismo atemperado que permite percibir la influencia de su nativa Popayán. Tomado del folleto Los Aportes de Negret, Galería La Pared, 2008 |
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