Ver sección completa |
Ver sección completa |
![]() |
actor, director
|
||
|
Vea iconografía de Pepe Sanchez en ColArte |
|
Bogotá
Director -
filmografía
Actor
- filmografía
Director asistente
- filmografía
|
||
|
Información cortesía The Internet Movie Database. Con permiso ** Dato tomado del libro Largometrajes Colombianos en Cine y Video, 2005 |
|
Fue locutor de boletines, en 1956. Estudió con Seki Sano, que vino a formar a los actores para TV. Debutó dirigido por Fausto Cabrera, en Ha llegado un inspector. En La tregua fue un mayor que se enamoró de una jovencita (Celmira Luzardo). Calixto Salguero, en Las juanas, fue su última actuación. Maestro de la dirección, sacó cámaras a la calle con Don Chinche (1982) un clásico, y siguió con Romeo y buseta (1988). Tomado del periódico El Tiempo, 11 de junio de 2004 |
|
|
por Juan Carlos Insignares Pepe Sánchez puede estar tranquilo: su nombre
está inscrito en varias de las más exitosas producciones de la te levisión
colombiana. "Mi estrellato más notable fue La tregua, en los 80. Mi trabajo más serio, más profundo dice refiriéndose al personaje de Martín Santomé, adaptado de la obra de Mario Benedetti. Qué pena con Pepe, pero la historia lo contradice. A este actor chapineruno, criado en la típica familia de clase media, aún lo llaman en la calle "Chepito'; aquel gomelo modelo 60 de la recordada comedia Yo y tú; y fue el director de la telenovela nacional con mayor sintonía en la historia: Café, con aroma de mujer. ¿Quiere más? "No es que no reconozca lo que él ha hecho sino que está dolido, como está dolido todo el que ha hecho televisión en este país y ve cómo se está tratando la imagen ahora'; señala el director de cine especializado en animación, Fernando Laverde, su amigo desde el bachillerato. Y es cierto. A la primera oportunidad, Pepe, el mismo de El cuento del domingo y Gracias por el fuego, se despacha contra las producciones actuales: "La televisión se ha vuelto el trabajo más negrero, y lo hacen porque la gente de la televisión siempre tiene disposición para trabajar. Por eso abusan". Es una molestia con argumentos. "Ahora, los canales solo se preocupan de hacer producciones en serie y pasan por encima de cualquier consideración ética y estética. Me siento traicionado por el inmenso abismo que hay entre la televisión en la que yo creí y la involución que ha tenido en los últimos años". MUY CRÍTICO No lo dice un anónimo, sino uno de los directores más exitosos de nuestra pantalla chica y quien hasta hace unos meses estuvo al frente de la telenovela Merlina, mujer divina. Su historia, que incluye Todos quieren con Marilyn y Romeo y buseta, le da autoridad para hacer sus reclamos. "¡Qué podemos hacer! Esa es la filosofía de los canales; considero irreconciliable la óptica de los mexicanos con la nuestra. Los ejecutivos y productores nos condenaron a un estilo que nunca ha sido el nuestro". Pepe Sánchez, que fue asistente de dirección del chileno Miguel Littín en el clásico del cine latinoamericano El chacal de Nahueltoro, insiste en sus críticas: "Un ejemplo: Yo soy Betty, la fea la vendimos por todo el mundo; luego en México hicieron un bodrio llamado La fea más bella, y nosotros... ¡se la compramos! En otras palabras, es la televisión de los productores". OBSESIÓN POR LA IMAGEN Desde niño, Pepe estuvo obsesionado por la imagen, en parte porque su padre, Julio, era fotógrafo profesional y en parte porque se volaba de clases para asistir al Cine Club Colombia para ver a sus admirados directores del neorrealismo italiano. En esas escapadas conoció el cine de Vittorio de Sicca, Luchino Visconti y Roberto Rossellini, y desde entonces soñó con reproducir ese mismo lenguaje en la televisión colombiana. Lo hizo: su comedia Don Chinche y la serie de Cuentos del domingo acudían a los actores naturales y narraban historias cotidianas de gente del común, características del mencionado movimiento italiano. La rumba también se le metió en la médula en su juventud, y le ha sido fiel hasta sus 72 años. "Sí, siempre he sido rumbero, igual que mis hermanos, pero completamente diferente a mis padres, Julio y Julia, quienes ni tomaban ni fumaban". El tabaco ya lo dejó, y no puede tomar aguardiente pero se ha aficionado al tequila. Siempre tuvo prevención a las drogas. "Nunca me entendí bien con la marihuana porque me daba la pálida (malestar), mientras que el 'perico' (cocaína) me producía unas depresiones tremendas. Ahora me siento alarmado porque me estoy quedando sin vicios" En cambio, niega su fama de mujeriego. "Es mala fama, siempre he sido de relaciones estables... frecuentes, pero estables'.' Dice esto porque su matrim nio con Olga Quiñones duró seis años; con Jennifer Steffens, 19 años, y con su actual esposa, Esther Rojas, Ileva 9 años. Pero su fama de enamorar a mujeres más jóvenes no tiene discusión: a Olga le llevaba 10 años; a Jennifer, 20, y a Esther, 40. "Reconozco que me entiendo mejor con los jóvenes que con los de mi generación': Con las tres ha tenido, en total, siete hijos: Catalina, Federico y Verónica; María Isabel y Magdalena; Pablo y Gabriela. PADRE DE FAMILIA El mismo día que Pepe Sánchez conoció a Esther, compañera musical de una de sus hijas, quedó 'tragado'. "Me sedujo a punta de consentimiento y de coincidencias en los gustos. Empezamos a compartir tardes de cine y exposiciones, y noches de música, hasta que, sin darme cuenta, entró a mi corazón'; recuerda Esther, una barranquillera que toca el bajo y el piano. A las hijas de Pepe no les cayó en gracia que su papá tuviera una relación con una niña 40 años menor. "Lógico, fue una situación incómoda, y sus hijas, como mujeres que son, no vieron con buenos ojos la relación. Pero ahora las relaciones son más tolerantes'; agrega Esther. Los dos aseguran que entre ellos no se nota la inmensa brecha generacional. "Él es muy joven en su interior y de muy buen humor. Sólo es de mal genio cuando ve en televisión las noticias de maltrato infantil, del TLC o de las injusticias sociales'.' "Sí, soy de buen genio. Es que mi vida ha girado en torno a mi oficio, que concibo como un goce lúdico que asumo como un juego muy serio"; remata Pepe. PEPE, EN FRASES · 'Para mí, la televisión colombiana es un pastiche'.' · "En Miami, me sometí a hacer dos telenovelas, pero no me acuerdo ni me quiero acordar de los nombres'.' · "Con Merlina, mujer divina me aficioné a los astros y creo que sí hay cosas que coinciden'. · "El personaje de Chepito (Yo y tú) terminó encasillándome'.' · "Mi primera telenovela fue Vendaval, que debía durar dos meses y estuvo 10 meses al aire'.' · "Don Chinche se iba a llamar Régulo Negativa, como el personaje de Yo y tú, pero Alicia del Carpio no lo permitió porque era creación de ella. Luego pensé en el nombre de La manzana de la concordia Tomado de la Revista TV y Novelas No.464,, 26 de agosto de 2006 |
|
|
por Lucía Muñoz Ortiz ¿Orgulloso de sí mismo? "Para nada. Me he fallado en muchas cosas. Fundamentalmente, quería hacer cine y, por facilismo, no lo hice". Es más que evidente. Un relámpago ácido parece caer sobre su humanidad cuando toca este tema del cine. "En el 64 estuve a punto de hacer mi primer largometraje. Un productor brasilero lo iba a financiar, pero 15 días antes de venir, ocurrió el golpe de estado en su país. íbamos a hacer Huasipungo, de Jorge Icaza, hablado en quechua. Es la peor derrota de mi vida". Lo expresa contundente. Su gesto para este minuto es serio. La sonrisa amable, mas no aduladora del saludo, desaparece. Ahora, frente a sus hijos (Gabriela de i año y Pablo de 3), hay un Pepe algo desconcertado, no tanto porque le duela recordar episodios pasados, sino porque le causa ansiedad el futuro. "Este trabajo se ha vuelto muy incierto. En cualquier momento pueden prescindir de uno". Lo grave es que él ya probó habilidades de negociante con `El Gordo' Benjumea. Hace una veintena de años abrió con él un café con cierto que llamaron El Circo. La aprobación de la ley semiseca los dejo `secos'. En la actualidad, sabe que la vida de su familia, sobre todo de sus hijos pequeños, está entre paréntesis y él es en parte el responsable de escribir lo que irá dentro de estos paréntesis. Se confiesa inquieto con la tarea, pero a la vez lleno de energía. RETRATOS DE AMOR Sin embargo, no se arrodilla, no le pide nada a Dios, porque no cree en un algo superior que otorgue cosas si se hincan ante Él. Es de la idea de que la existencia personal se teje sumando casualidades y causalidades. Como sea, al final de sus cuentas (hasta ahora) esta suma de
causalidades y casualidades que no lolle vó al cine, lo retuvo en el teatro y en
la televisión escribiendo, produciendo y dirigiendo proyectos como Don
Chinche, El cuento del domingo o La historia de Tita,-
actuando en La tregua, de Mario Benedetti, o la comedia Yo y
tú. Más recientemente, llevó las riendas de la exitosa Café
y ahora cree que está loco todo aquel que `no quiera con Marilyn'. Igual, esta suma de causalidades y casualidades lo han llevado a dibujar tres importantes retratos de amor. El tercero es con Esther Rojas, su actual mujer y madre de sus dos niños menores (en fotos). Con sus ex mujeres ha tenido seis hijos. VICTORIA PíRRICA La huella de la bondad es evidente en su rostro. Llora a veces, sobre todo cuando no tiene la capacidad de reaccionar frente a una realidad que lo turba en forma de niños que venden cosas y hacen malabares en los semáforos. Él sabe que no soluciona nada, y aún así les da la moneda. Por esta realidad social tiene que hacer muchos reproches a los dirigentes colombianos de toda la historia. Nunca militó en partido alguno, pero "creo que un sistema que triunfó a base de hambre, bajos salarios, inseguridad laboral y mala vida no es más que una victoria pírrica", asegura. TANGO Y WHISKY El desamor, como a cualquier ser humano, lo llena de incertidumbre, lo desconcierta y lo lleva a rumiar su desgracia en bares, en donde un whisky y el tango se convierten en aliados perfectos para pensar y olvidar. Claro, hasta el instante en que aparece un borracho que lo reconoce y quiere hablar de televisión y actores. Afortunadamente, este bogotano que alguna vez estudió unos semestres de derecho no se ha visto enfrentando esta emoción con frecuencia. De hecho, vive un excelente momento con su compañera barranquillera, estudiante de música en la Javeriana. La conoció porque era compañera de una de sus hijas y ensayaban juntas. Esther era la bajista. ¿Cómo la sedujo? Sólo sabe que hay que ser muy moderno para enamorar a una mujer a la que le lleva 40 años. En esa tarea, confesa, no cabe repetir fórmulas, lugares comunes o discursos aprendidos. Por el contrario, la creación espóntanea es lo ideal. Lo curioso es que en el trabajo el director funciona igual, pues
le gusta que sus actores improvisen y propongan. Y es que si bien se considera una pareja con la que se puede convivir fácil, no soportaría una mujer despreocupada. EL VICIO En este instante, la empleada trae un té y surge la pregunta
obvia por el cigarrillo. Entonces, empieza a sacar recuerdos como quien asiste a
un bazar y toma algo específico: "Fumaba dos paquetes diarios de Pielroja, pero
eso fue hace 15 años. Hoy en día, se levanta a las 7 a.m. y cuando le va bien en las grabaciones, regresa hacia las 10 p.m., cansado, aunque dispuesto a enfrentar lo que se venga, que, según dice, puede ser cualquier cosa en este país. Antes de cerrar los ojos, viene a su mente la imagen de los dos pequeños que duermen cerca suyo y que él sabe viven en un mundo con olor a trincheras y barricadas. Sin embargo, el director aspira a que sean hombres de bien, capaces de encontrar la felicidad en diversos territorios. Pepe: mañana será otro día. Tomado de la Revista TV y Novelas, No. 397, 24 de mayo de 2004 |
|
|
La inquietud que acompañaba a Pepe mientras tomaba parte de las obras convencionales de la época, tenía su origen en su sólida formación intelectual: fue estudiante de Derecho y pintura, en las universidades de La Salle y la Nacional, había sido locutor de las exigentes y delicadas emisoras radiales Radiodifusora Nacional y H.J.C.K., varios viajes al exterior ya figuraban en su hoja de vida, y en países distantes había hecho teatro clásico y montajes muy especiales, como uno del todo memorable basado en los poemas de Pablo Neruda. Además, era ya un cinéfilo voraz, conocedor de grandes directores, y hasta le había llevado al venerable escritor ecuatoriano Jorge Icaza una adaptación cinematográfica de su novela Huazipungo, recibida con sorpresa y beneplácito. Se hizo popular en la comedia de Alicia del Carpio Yo y tú, en la que interpretaba a Chepito, un bogotano filipichín y vaciado que jamás encontró el camino del éxito. Pero nada de eso lo satisfizo completamente. Su rollo era otro. Por eso, el día que le ofrecieron participar en trabajos nuevos, sintió que se encontraba frente a una oportunidad única, y que en ella debía aplicar todos sus conocimientos y todas sus inquietudes. Entonces interpretó a Martín Santomé, el personaje de la novela de Mario Benedetti La Tregua, bajo la dirección certera de David Stível. Aquella obra iniciaba el camino de la televisión colombiana hacia la madurez y le reportó un gran prestigio, en el cual se basó para lanzarse a la experiencia para la que se había preparado durante sus años de estudio y trabajo en el exterior: la dirección. Comenzó con Don Chinche, propuesta de comedia con más de un elemento vanguardista: era hecha a una sola cámara, como si fuera cine, y sus personajes, que ocupaban las calles y los sitios de los hombres y mujeres corrientes, escapaban de los clichés aplicados generalmente a la comedia. De ahí en adelante siguieron obras significativas, en las cuales siempre había una propuesta narrativa, un nuevo enfoque, un estilo que despertaba al televidente de su modorra y su inconsciencia: Vivir la vida y Brillo, de Manoel Carlos, La Posada, Romeo y buseta, El Confesor, La historia de Tita -que ha sido siempre su obra predilecta debido a su propuesta audaz y su sensible cuestiona miento de la realidad social colombiana-, El Carretero, La Locha, Mujeres, Espérame al final y, como colofón a toda una vida dedicada a experimentar los idiomas televisivos, la novela más exitosa de todos los tiempos en Colombia: Café, con aroma de mujer. No esconde su orgullo al haber logrado el éxito con una novela que es más que una novela, que no renuncia a las convenciones del género pero que no llega jamás a tocar con el mal gusto, la lobería y el mercantilismo facilista de otras producciones. Esto demuestra que el éxito no debe asociarse a la mediocridad o la mercachiflería, y que el público colombiano no es tan inculto y de mal gusto como piensan algunos productores. Tomado de la Revista TV y Novelas No.95-02, 28 de abril de 1995
|